Entrada # 152.- De mi Infancia


El otro día estaba pensando en mi infancia, de hecho, desde que soy Au Pair y me paso 24 horas al dia en contacto directo con los niños pienso mucho en mi infancia, es una gran referencia, porque mientras más me pueda acordar de como se sentía ser niña, siento que más  puedo entender a mis niños.


Los recuerdos incluyen un poco de todo, desde como mi bisabuela me daba de almorzar platos llenísimos con porciones para un adulto y me hacía comer todo o no me podía parar de su mesa, los juegos con mi hermanita, las películas que nos ponían a ver, las reglas que tenían mis papás…

Hay cosas que no se olvidan, como la vez que más enojada estuvo tu mamá (la mía desbarató mi casa de las Barbies)  y la vez que más enojado recuerdas a tu papá (papi nunca me pegó pero me mostraba su correa y yo moría de terror). 

Y luego en retrospectiva entiendes. La ocasión en que mamá desbarató mi casa de muñecas, siempre lo consideré como un acto atroz y vil y lo tengo grabado  porque a mi mente infantil le impacto mucho.  Cuando lo pienso de nuevo, me doy cuenta que fue en la misma época en la que mami tenía 2 trabajos, uno de los cuales estaba a punto de renunciar porque no le gustaba, era estresante, jefes malignos y cosas así.  Y la pobre mami, en la primera mitad de sus 30s tenía 2 hijitas que eran muy desordenadas con sus muñecas, demandaban mucha atención, comida, ropa y juguetes y encima de todo se levantaban a las 6 de la mañana los fines de semana. Un día de mucho estrés lo puede tener cualquiera.

El caso de la correa, recuerdo haberla visto varias veces y sentido nunca.  Pero de la ocasión que claramente recuerdo, porque fue muy fuerte para la pequeña niña de 6-7 años que fui, incluye por un lado a un papá muy molesto gritando cosas desde de la puerta de un cuarto y amenazando con una correa y por otro lado 2 hermanitas dando brincos en la cama de su mamá gritando solo para ver quien hace más ruido y quien dice cosas más chistosas y teniendo cero consideración con  los otros 2 habitantes de la casa que seguramente estaban muy ocupados haciendo cualquiera de las aburridas labores que los padres tienen que hacer, ya sea terminar con sus trabajos, arreglar algo de la casa, ir al super… que se yo. 

Las tareas son otra punto de mi infancia que últimamente recuerdo. Así como mis niños hacen la tarea conmigo, yo solía hacer mis tareas con mi mamá o con tía Amadita. Mi tía Amadita  me cuido mucho tiempo y era maestra así que nadie como ella para enseñar.  Lo único malo es que es una maestra de las antiguas y su método de enseñanza pasado de moda y estricto es el único que conozco y aplico a mi niña.  Incluye cosas como enseñar la importancia de la tarea, la tarea se hace antes que jugar cualquier cosa, las reglas de puntuación se practican en todas las tareas y no solo en las de español, uno debe hacer la tarea bien sentado a la mesa, no es aceptable hacer la tarea tirado en el suelo o acostado en la cama, no se debe comer y hacer la tarea al mismo tiempo, para que el niño se concentre no deben haber distractores como la televisión… Así era el  método firme de mi tia Amadita.  

Recuerdo lo mucho que me gustaba cuando me dejaban tareas en las que podía ayudarme mi papá porque su método era diferente y más relajado y porque así pasábamos tiempo juntos. Cosas tan simples que los adultos hacemos y los niños no pueden hacer les resultan sorprendentes. Yo veía con admiración como mi papá era capaz de trazar cuadros, rectángulos y figuras perfectas porque tenía un talento sorprendente con la regla y la escuadra.   En mis tareas de biología mi papá siempre me ayudaba y me explicaba como funcionaban los diferentes sistemas y órganos del cuerpo humano, la verdad es que actualmente requiere esfuerzo mental poder visualizar el páncreas, el hígado y  los riñones pero recuerdo con cariño todas sus explicaciones de las células, sus mitocondrias, la fotosíntesis, las partes del ojo humano y demás temas a estudiar. Con las mamás, los niños compartimos mucho más tiempo y muchas actividades que incluye diariamente la tarea, por eso, cuando ocasionalmente hacemos la tarea con los papás, se vuelve un poco más especial.  Entiendo mucho a mi niña cuando prefiere mil veces hacer sus ejercicios de matemáticas con su papá que conmigo, por la diferente experiencia y porque su papá es especialmente bueno para las matemáticas.

También me acuerdo mucho de los pleitos que tenía con mi hermanita. Cuando yo estudiaba la primaria fui una niña muy aplicada y responsable, me preocupaba por hacer mi tarea bien, a tiempo y además aprender algo de todo eso.  Cuando tenía como 7 años (la edad que tiene la niña que cuido)  mi mamá y mi abuelita me decían que no se veían bonitos los cuadernos hechos tacos, así que yo cuidaba que mis cuadernos se cerraran bien y las páginas no se arrugaran mucho; un día, haciendo mi tarea bastante tarde, mi hermanita, que tendría como 3 o 4 años derramó su juego de uva en mi cuaderno.  Mi enojo fue tan grande, que aún hoy, unos 15 años más tarde recuerdo la escena, el coraje que me dio, todo lo que lloré y todo lo que lloró mi pobre hermanita. Fue un accidente, pero me hace notar que  los niños no son muy tolerantes con los accidentes de los demás.   La escena a la inversa, la ocasión en que más se molestó mi hermanita conmigo, por lo menos que yo recuerde, era una tarde en que estábamos jugando en el cuarto que compartíamos. Estábamos sentadas en el suelo jugando con nuestras Barbies, y el motivo del pleito ya se me olvido, la escena empieza con nosotras pelando por una muñeca, mi hermana tirando de las piernas y yo del pelo hasta que la Barbie, que era una Teresa y pertenecía a Iveth perdió la cabeza. Mi pobre hermanita lloró y lloró y salió corriendo a buscar a mi mamá y desde eso, ella siempre me vio con cara de destruye muñecas. A los niños no les vale que sus hermanitos lloren y lloren y cuando es su culpa se sienten mal, no son insensibles a eso.

La verdad, quisiera poder recordar  más pleitos con mi hermanita, en estos momentos de mi vida me hacen falta.

Puedo entender a mis niños, puedo entender que se frustran cuando intentan hacer algo que es muy difícil para su edad, puedo entender que lloren cuando los regañan, pero ya se me olvido que se siente que tu papá te regañe cuando eres niña. 

Me acuerdo de gritar y gritar solo por ver quien gritaba más fuerte pero me daba dolor de garganta y aunque ahora me desespera que los niños griten,  soy capaz entenderlos. Así son.

También, de alguna forma, aunque los adultos dijeran nada y trataran de no tocar el tema en su presencia, siempre se terminan los niños enterando de que papá esta pensando en cambiar de carro, o de que el fin de semana van a comer a casa de sus primos, o que la tía Lupita esta en el hospital o cualquier otra cosa, asi que no me sorprende cuando la niña sale con comentarios de cosas  que no le incumben y que muy acertadamente dedujo de una conversación por ahí, otra conversación por allá.

Claro que todos los niños son diferentes y los que cuido tienen una infancia muy diferente a la mía, solo no puedo evitar pensar en mi infancia para entenderlos y tratar de ser mejor Au Pair.  Un momento clásico en la vida de mis niños en que me tengo que aferrar a mis recuerdos de la infancia se da en las noches en que juegan con su papá a las luchas.  Creo que es un juego clásico en el que los papás y todos sus hijitos se tiran al suelo y se aplastan, se avientan unos contra otros, se pegan con almohadas, gritan mucho y sacan de quicio al 90% de las mujeres del mundo. Soy de ese 90% y en días así recuerdo a mi papá y a mi hermanita peleando todos en una cama y además tirándole almohadas a mi mamá como para invitarla a que se animara a jugar y de vez en cuando la señora se animaba. 

Entrada #151.- Pobres animalitos!!

El otro día estaba leyendo una de mis páginas favoritas Cracked, y tenían un artículo de cosas que hacen que nuestras mascotas nos odien, y se supone que es gracioso, pero la verdad hubo un par de cosas que me dieron mucho coraje y me sentí mal por esos pobres animales y con ganas hacer que necesites una licencia para tener mascotas.

Yo no soy fan de todos los animales ni los amo a todos, de hecho creo que la mayoría de los animales estan bien, son bonitos e interesantes, pero evito el contacto directo con cualquier animal que no sea un perro. 

En mi corazón, la sección destinada a los seres vivos esta ocupada un 90% por los perros y el 10% por el resto de animales bonitos y o curiosos de la tierra como elefantes, delfines, loritos parlanchines, animales bebes y cosas así. Me preocupo un poco por todos los animales, me gusta que existan, que vivan bien, que esten sanos y no sean maltratados. Creo que la mayoría de las personas respetan y aprecian la vida de los animales, hay algunos fanáticos y otros sin corazón pero los demás debemos estar en un lugar intermedio y responsable. 

Hay algunas cosas que los animales odian pero son necesarias, como bañarlos y cortarles el pelo de vez en cuando. Molly, mi perrita, odia los moñitos que le ponen en la estética, y creo que la mayoría de los perros odian usar ropa por eso solo les pongo ropa a mis hijitos cuando hace mucho frío. No digo que vestir a los animales sea cruel, solo se me hace un poco ridículo, nada más. 

He visto perros teñidos de rosado y otros colores y eso sí se me hace cruel; es como pintarse todo el cuerpo de un solo color por días y con una pintura tóxica y dañina para la piel. Cortar la cola y orejas de los perritos tampoco esta bien, pero soy culpable y realmente no es necesario. La próxima vez  que tenga un perro nuevo no lo haré. Quizás le corte la cola, si la tuviera muy larga, para evitar accidentes dentro de la casa... pero aún así, no estoy segura. Pero las orejas definitivamente no. 

Pero esta entrada es porque nunca había visto, no sabía que existiera y jamás me hubiera imaginado perros tatuados y con piercings!! Es tan cruel!! Un tatuaje a un pobre animalito indefenso!!  ¡Deberían quitárselos a sus dueños!






Entrada 150.- Perro Ninja



Normalmente, todas mis entradas las escribo desde la comodidad de mi hogar, sola, en el silencio y después de un buen rato de pensar en el tema.  Esta es todo lo contrario. Estoy sentada en el garage de casa de Isra en el ensayo de Perro Ninja!

¿Alguien recuerda a aquel que me invitaba a recitales de música?  Bueno, los años pasaron y se unió a otros tres, un bajista que me cae super bien y estudio en un conservatorio, un baterista muy agradable que toca desde hace bastante y un guitarrista con varios años de experiencia.   

Juntos hacen un buen grupo porque, personalidades aparte, comparten muchas cosas, talento musical, amor por la música, respeto por las buenas bandas, fanatismo por los Simpsons, ganas de tocar y compromiso.

La verdad es que tocan bien, se juntaron hace menos de dos meses y aunque por los horarios complicados de escuela y trabajo solo ensayan en fin de semana, han avanzado muy rápido. Creo que la razón es que todos en lo individual son muy buenos.  

Yo no soy una persona musical, todo lo que aprendí en  mis dos años de guitarra en la secundaria fueron el círculo de Do y el de Sol, en dos años completos de secundaria y en mi primer semestre de prepa reprobé piano.  Voy a todos los ensayos y cuando se ponen a hablar de tiempos, armonías, notas, escalas, acordes, "yo entraba en mi, no entraba en la"... no entiendo nada, por eso traigo mi lap.   Siempre traigo mi lap, espero no se chiveen, me gusta más así, los disfruto más, porque es como poner música y tiene mucho encanto la música en vivo. 

Perro Ninja esta empezando, esta en pañales, pero crece rápido. Aún no hay canciones pero ya pronto inciarán el proceso creativo donde probablemente no existan las canciones de amor. Yo espero que el otro año que regrese, sigan, tengan buenas canciones, triste que me perderé la primera presentación pero, bah, tendrán muchas. 

Me gusta bastante venir a los ensayos, aunque parezca groupie. Relaciones sentimentales a un lado, que la gente se junte a tocar, a crear cualquier  cosa, vale la pena. La gente que se para y hace algo por el mundo y deja de ser únicamente un receptor, es gente que vale la pena. 

Entrada # 149.- Historias de la primaria

Cuando yo era niña en la primaria tenía muchas amiguitas, a algunas las seguí viendo, otras no he sabido de sus vidas y con una todavía me llevo mucho, pero de todas ellas, recuerdo en especial a una. Debido a que este blog es personal y tiene mi nombre escrito en autor, vamos a ponerle otro nombre a esta niña y para efectos prácticos le pondremos Carla Lara. 

Carla Lara era la menor de tres hermana, las dos mayores eran adolescentes una ya tenía una bebe, y definitivamente el contexto en que vivían era otro, no se puede comparar el mundo de sus hermanas y el universo de unas niñas de primaria de 8,9 ó 10 años a finales de los años 90.  Los niños de esa época no estaban expuestos a tanta información como ahora, ni teníamos acceso a ella, era un poco diferente. 

Yo no tenía hermanas mayores ni primas cercanas que me enseñaran las cosas del mundo, entonces, oía con mucha atención todo lo que las hermanas de Carla le contaban, el problema fue que esta amiguita Carla Lara, era una niña altamente dramática, con creencias apocalípticas,y muy influenciada por la televisión. 

Ella nos contaba muchas cosas y nos explicaba el mundo según lo que le explicaban sus hermanas. Así fue como en un relato terriblemente dramático y sangriento escuché por primera vez de la menstruación. Carla nos lo pintó como la enfermedad de Andrés. Según ella, era una enfermedad que le daba a todas las mujeres y si no te daba no podrías tener hijos. Consistía en terribles sangrados y dolores de estómago que te tiraban en la cama por días y días cada mes.  Para eso es que servían los Kotex, ese producto con comerciales que no mostraban nada más que mujeres y extraño líquido azul que hacía pensar que era destinado a mujeres con problemas para ir al baño (incontinencia no estaba en mi vocabulario). Por eso no le pones a tu hijo el nombre de Andrés, por que Andrés es la enfermedad que viene cada mes. Sí, aunque no lo creas tu mamá evidentemente lo padece puesto que te tuvo a ti.  Sí, tu abuelita, tus tías, todas.  Y cuando se quita, cuando te curas de la enfermedad, es peor.

Yo no lo podía creer. Pensaba que era una más de las historias apocalípticas o paranormales de Carla. Esta niña también se especializaba en contar historias de fantasmas, extraterrestres y de casos extraños como el Triángulo de las Bermudas. Recuerdo que llegué a mi casa, y se lo conté a mi mamá pero en un tono burlón, "Mami, mami, Carla cree que ...", no recuerdo pero si imagino la cara de mi madre cuando me dijo, "Si, pero no..." y se encontró explicando unos años antes de tiempo como funciona la menstruación a una Marita incrédula y temerosa de padecer los terribles dolores e imparables hemorragias que Carla le contó. Por mucho que mamá me dijera que no era nada insoportable, que era normal y que es solo un sangrado leve, la primera impresión es la que cuenta. El daño estaba hecho. 

Carla Lara me preparó para el Fin del Mundo en el año 2000, aunque seguramente no sería por las computadoras, como decían, sino unos años después en el año 2012, porque era la fecha que los Mayas habían dejado de hacer su calendario.   Nos explicaba como funcionaban las dietas de los puntos en la oreja. Decía que ya eramos grandes y que nos deberían de gustar los niños, a ella ya le gustaban todos. Fue la primera en llevar un chismógrafo, usaba pulseras de niñas de secundaria, llevaba revistas, sabía de que trataban las películas nuevas, hacía sus recomendaciones, había escuchado las canciones de Gloria Trevia al revés, en fin...   Creo que a  mi mamá no le gustaba que me juntara con ella. 

Entrada 148.- De los niños

Este fin de mes dejaré de ser pasante de contaduría para trabajar como Au Pair por un año en Estados Unidos. Au pair es una palabra francesa que se usa para describir a una estudiante que se va a vivir a otro país, estudia el idioma, conoce la cultura y se aloja en la casa de una familia en la que trabaja cuidando a los niños.

En unas dos semanas más estaré a cargo del cuidado de unos pequeños hermanitos en Plainview, Nueva York.  Emocionalmente hablando, tengo todos los sentimientos propios de alguien que esta muy emocionado por la experiencia que va a vivir y de alguien que esta muy triste por la distancia física que interpone entre su familia, sus amigos, su gente y su pareja.   En resumen, es como estar en una montaña rusa permanente emocional, y en todo caso, la entrada no trata de como me siento porque se volverían hojas y hojas de contradicciones y bipolaridad absoluta, que nadie, ni yo misma, va a entender.

Creo que en realidad la entrada se trata del proceso psicológico que se requiere para que una persona diga, sí, yo me hago cargo de los niños.  Digamos que yo me enteré del programa hace dos años y quedé fascinada por las múltiples ventajas que ofrece.  Este es un programa avalado por el gobierno de Estados Unidos, que lleva muchos años establecido, y que te permite viajar, y estudiar en una forma segura y económica.  Tienes un horario de trabajo, vives con una familia, vas a la escuela, tienes fines de semana, te pagan bien, gozas de un seguro médico, tienes muchas actividades con las Au Pair de tu área, y tienes una semana en la academia de Au Pairs donde te preparan para cualquier cosa.  Yo quedé convencida de manera instantánea cuando conocí a Aliette, una amiga de mi hermana que acababa de regresar de su temporada de Au Pair.

Pero una cosa es que te encante la idea de viajar, conocer y aprender inglés y otra que seas una persona capaz de cuidar a niños que no son tuyos. Para empezar, no a todas las personas les gustan los niños, y no porque seas mujer vienes con el instinto maternal desarrollado.  A mi siempre me gustaron mucho los niños,  pero a raíz de la idea de Au Pair, a conciencia me fui pegando a mis primitos, y a los niños más cercanos para ver si me gustaban los niños lo suficiente. Después de que te quedas con niños por un buen rato, logras entretenerlos, vez que el niño tiene una buena reacción contigo, y no tienes inconveniente en llevarlos al baño, pues dices, sí, definitivamente sí me gustan tanto como para entrar al programa.

Imagínate que no te gustaran los niños, el grave error que sería entrar a este programa solo con la idea de viajar. Los resultados serían una pérdida de tiempo y dinero para la familia y un mal rato para ti cuando no sepas que hacer.

Uno de los requisitos que te pide el programa para que te acepten es que tengas una experiencia en alguna guardería o kínder.  Yo entré a una guardería y ha sido creo mi trabajo favorito hasta ahora. Recuerdo que el primer día estaba toda temerosa, no sabía que pasaría, no sabía que hacer con más de 15 niños juntos, claro, yo no era la maestra, era una auxiliar, pero aún así.

La verdad es una experiencia que me encantó. No tienen idea lo gratificante que es. Es un trabajo cansado físicamente porque todo el día estas parada, corres, brincas, saltas, te tiras al suelo y no paras todo el día.  Pero no pasó un solo día sin que un niño dijera algo chistoso, o te dijeran algo bonito.  Los niños de 3 años son un amor.  Claro, no son santos, ni son tranquilos, y corren por todos lados, y gritan y se tiran al suelo y les cuesta mucho trabajo compartir pero, no hay forma que te enojes más de media hora con ellos porque por lo general son buenos y muy cariñosos. A nosotras nos abrazaban mucho, y lo que más me encantaba de todos ellos era su peculiar forma de hablar.

Los niños hablan bien raro y curioso.  Un día llegó una niña cantando "Guadalalupana, guadalalupana". Tenían una idea bien curiosa de lo que era compartir, cuando alguien agarraba algo decían "No comparte, no comparte" y cuando ellos tenían algo decían "no quiero compartir, no quiero compartir".  Había un niño muy bonito, era el más chaparrito de todos pero era el más inquieto, cuando lo regañabas te amenazaba con llamar a la policía.  Yo le decía que si los llamaba se lo iban a llevar él. Todos suelen repetirte mucho las instrucciones que les dices, como por ejemplo cuando se lavaban las manos te miran y te dicen "Poca agua".

A la corta edad de todos los niños de mi grupito, se les notaba fuerte sus personalidades. ¿Pueden creer que había una niña matada? Eso me sorprendió. Es una niña que en su casa su mamá la pone a dibujar y colorear y hacer mil manualidades, entonces la niña era la que mejor dibujaba, no se salía de la raya, hacía cosas bonitas de niña grande y sabía escribir su nombre.  Había una niña que va a ser inteligente pero un poco retraída y hasta tiene cara de que será bonita.  Un niño que tenía cara de señor.  Una niña muy mentirosa e increíblemente cizañosa. Una de esas niñas que quien sabe por que se apartan y nadie quiere jugar con ellas. Un niño que tenía aires de intelectual porque el lo sabía y lo podía todo, "Mire maestra, mire como corro más rápido, mire como brinco más alto, mire como me porto bien".  Un niño sobreprotegido, una niña muy descuidada.  En fin, había de todo.

No pude evitar tener dos niños favoritos. Una niña y un niño que no se por que razón se robaron mi corazón. La niña era muy inteligente, trabajaba súper bien y la maestra no se lo reconocía. Era una niña algo retadora, pero se portaba bien. Le gustaban mucho los cuentos que les contaba, se aprendía de memoria las canciones,  podía jugar sola o acompañada para eso era independiente, tardaba horas en quedarse dormida y le gustaba platicar conmigo. Me preguntaba ¿Por qué ya no vas a la escuela? Porque ya terminé de estudiar ¿Tienes hijos? No ¿Por qué? Porque todavía estoy joven.  Después me decía, ¿No tienes hijos? No. Porque eres joven, ¿verdad? Sí.

El niño era muy arisco.  Todos los niños abrazaban  y daban besitos por todo.  Este niño jamás. De hecho a este niño me lo tuve que ganar a pulso porque no me gustaba que fuera el único que no me quisiera.  Todos los días teníamos que cambiar de ropa a los niños, y los primeros días, en los cambios de ropa el me preguntaba ¿Ya te vas?  No ¿Cuándo te vas?  Me rompía mi corazón.  Luego era más lindo, se acercaba a mostrarme sus tareas, y las cosas que llevaba a la escuela. Era el niño más fan de Woody del mundo, más fan que Andy. Al final ya se dejaba abrazar.

Realmente disfrute mucho a los niños en la guardería, espero tener la misma suerte con los pequeñitos que me van a tocar. Probablemente muchas próximas entradas sean de niños.

Entrada # 147.- De los problemas del sueño familiares

Es bien sabido que se heredan los rasgos, la estatura, el pelo, los ojos, algunos gestos, el temperamento, la forma de caminar, las alergias, los padecimientos, la calvicie, la gordura, el tono de voz, las enfermedades, y en general, todo lo que somos.  Lo que nosotros heredamos también en mi familia son los trastornos del sueño, especialmente el sonambulismo

El sonambulismo no es algo que sea bueno, y no es malo en si mismo, sino por el riesgo en que uno mismo se puede poner. No se conocen sus causas y no existe ningún tratamiento eficaz. Se supone que el sonambulismo se da más en niños y en adolescentes, y si tus padres fueron sonámbulos tienes de 45 a 60% de serlo. Con la edad suele desaparecer.


Mi abuela Elvia, la mamá de mi papá, es la que nos lo heredó, ella no se ha quien le habrá heredado, ni cuantas generaciones antes que ella habrán padecido sonambulismo, noctambulismo o parasomnia, pero en el caso de mi familia nunca ha sido un problema crónico, sino más bien eventos muy aislados. 

El último sonambulismo de mi abuelita fue hace pocos años, ella es una abuela joven, pero aún así ya estaba grande.  Mi abuela se fue a dormir a su cuarto en el segundo piso de la casa y para esa época su casa tenía una escalera con descanso a la mitad y por alguna razón, remodelación quizás, no tenían barandal.  La abuela Elvia recuerda haber soñado con una piscina y es probable que también soñara que se subió a un trampolín porque se tiró de la escalera y despertó del dolor de sus rodillas por  haber caído parada casi medio metro más abajo sobre sus rodillas y con los brazos extendidos.  Ya tiene muchos años esto, la escalera ya ni tiene descanso, le pusieron barandal, mi abuela no ha vuelto a caminar dormida y es una prueba de que el sonámbulo es muy peligroso para sí mismo. 

Mi papá en todos los años que lleva de casado con mi mamá (casi 25 años) no ha vuelto a presentar este tipo de trastornos. Sin embargo, en su juventud, que es la etapa en la que más te pega la parasomnia sí tuvo sus noches intensas.  La más marcada fue una noche en que mi abuela se despertó porque escuchó ruido en la sala y alguien tratando de abrir la puerta; la abuela con mucho cuidado se asomó y vió a mi papá peleándose con la cerradura de la puerta y al acercarse a él, mi abuelita se fijó que estaba dormido y que traía una mochila con ropa adentro.  Lo tomo de un brazo y lo guío hasta su cuarto para volverlo a acostar. Esta es definitivamente la forma más aconsejable de tratar a un sonámbulo. Guiarlo a su cuarto y volverlo a acostar. No tiene nada de malo hablarles, de hecho, hay sonámbulos que hablan, sin embargo las personas están en un estado sugestionable y lo mejor es solo acompañarlos y que vuelvan a dormir.

Otra de las cosas que hacía mi padre era doblar las sábanas.  Los sonámbulos realizan actividades cotidianas, como limpiar, ir al baño, hacer como si comieran algo, bañarse, etc.  Yo creo que es difícil ver a un sonámbulo a menos que sea ruidoso.  Mi abuela varias veces no vio a mi papá pero de vez en cuando podía darse cuenta de que lo hacía, el caso de sus sábanas dobladas en la mesa del comedor es una muestra. 

Mis noches de caminar despierta también son pocas, fueron todas entre mis 10 y 14 años. La primera vez que lo hice fue ridículo porque mis papás tenían fiesta en mi casa y todos los invitados me vieron salir de mi cuarto con la mirada perdida, mi madre me hablo y no respondí e intentaba ir al baño.  En otra ocasión si llegué al baño y me metí a la regadera con todo y batita de dormir, el agua fría no me despertó y se me hizo muy raro despertar al otro día en el cuarto de mi mamá con otra ropa, no recordaba nada. 

Extrañamente, del caso más dramático de sonambulismo que he experimentado en mi vida recuerdo dos imágenes.  La noche de ese día estaba arriba viendo televisión acostada en mi hamaca y recuerdo que mi mamá me dijo, "María lleva tal cosa a casa de tu abuelita". Mi abuela Candita, la mamá de mi mamá, vive a lado de mi casa y se puede acceder a ambas casas por el patio. Yo le dije a mi mamá "Sí, ahorita ...", seguí viendo tele y no se en que momento me quedé dormida. 

En la madrugada mi mamá escuchó la puerta del patio abrirse de un golpe y se asustó, cuando salió, las luces del patio estaban prendidas, la reja que conecta los patios de mi abuela y el mio abierta y mi mamá que cuando se lo propone no le da miedo nada se asomó y me vió regresando de casa de mi abuela.  Me tomó de un brazo y me llevo a su cuarto.  

Yo no recuerdo haberme despertado, ni bajado las escaleras, ni abierto la puerta del patio, pero recuerdo, no se por que, mi mano tocando la puerta de la casa de mi abuela.  También recuerdo a ver visto la reja que divide nuestros patios de regreso, pero no recuerdo a mi mamá.  Al otro día se me hizo extraño despertarme en el cuarto de mi mamá y cuando me contaron lo que hice, fue que recordé la puerta y la reja o tal vez solo lo invente, quien sabe. 

Mi hermanita tiene trastornos del sueño pero de otro tipo. Ella tiene somniloquía, nada grave, solo habla dormida. Lo ha hecho desde que esta chiquita, toda su vida y con cierta frecuencia. A veces se sienta, murmura algo y se acuesta de nuevo. Nunca se ha levantado, solo se sienta. A veces, entre todo lo que dice, se le entienden dos o tres palabras.  A veces se ríe, y nos da risa. Pero una noche, me pegó el susto de mi vida.  No tenía ventilador, o algo malo tenía su cuarto así que se fue a dormir al mio. Para esa época mi cuarto tenía una cama individual en medio y a los lados, pero muy cerca de la cama dormiamos  en nuestras hamacas. Entonces, a mitad de la noche, me mueven la hamaca, me despierto asustada, y mi hermana sentada en su hamaca, con los ojos abiertos como platos me pregunta ¿Y la niña?. Y yo ¿Cúal niña?, La niña! ¿Dónde esta? Y déjenme decirles algo, que te despierten así, da miedo. Solo le dije, "Ya se fue, duérmete" Y ella me dijo "Ah, bueno" y se acostó y se durmió. Y yo me quedé con los ojos abiertos un buen rato viendo que no me volviera a asustar. Pero por lo general sus conversaciones dormidas son inofensivas.

No se si tenemos otros parientes sonámbulos, pero es tan familiar como las alergias y la calvicie. Y bueno, no es un trastorno grave y hay que agradecer que son muy poco frecuentes. Un hermano de mi papá de repente padece de insomnio, pero parece un desorden diferente. 
 

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