Entrada#28: Una historia de verdad

NOTA: Es una historia de verdad. La casita de enfrente me traumaba. Esto lo hice hace más de un año, y con eso se fueron las pesadillas con esa casa. El funeral fue en año 2000. 


VERDADERA HISTORIA DE LA CASA DE ENFRENTE


Desde que era niña la casa de las vecinas despertaba mi imaginación, me daba mucha curiosidad y también me daba miedo. Cuando era más grandecita solo daba miedo y pena, ahora, siento que de alguna forma le han quitado la esencia y hablare de ella antes de que se me termine de ir.

Originalmente era una construcción muy grande, una gran casona de las antiguas que fue dividiéndose poco a poco y con el paso de los años, solo esta 
casita permanece intacta, sigue siendo la misma vieja construcción. Digo casita, porque siempre me lo pareció, pero ahora, viéndolo bien, es mucho más grande que cualquier casa moderna, ni siquiera es mucho más pequeña que las casas vecinas, la llamo casita por ser la parte más pequeña de esa gran casona.

Tendrá unos 100 años, o tal vez más ahí, y unos 60 de ser como es hoy en día. Cuando fue construida estaba en un lugar de mucha actividad, mucha más de la que hay ahora. La casa que había justo al lado, era también muy grande, y aun conserva su tamaño; al principio servía de escuela pública, después de varios años siendo escuela, se convirtió en la camaronera, o en los pulperos. Era ahí donde todos los pescadores llevaban el dinero de sus pescas, y también hacía de sindicato y lugar de pago. Era más abundante la pesca en esos días y era muchísima más gente la que se dedicaba a eso. Además, los camaroneros siempre venían con pescados a precios más baratos y los vendían en la puerta, y un pequeño narcotráfico de chucherías que a la gente le encantaba comprar y que los ayudaba a conseguir dinero extra.

A veces el pequeño narcotráfico solo era para sus familias. Nuestra ciudad estaba muy abandonada del mundo, muy lejos de la capital, y cosas tan simples como joyeros, pulseras, peines, revistas de otros lados, eran un maravilloso regalo para las mujeres xD.

Nuestra ciudad sigue un poco abandonada del mundo, pero ya no necesitamos camaroneros narcotraficantes que nos traigan joyeros. Así, que hace ya varios años, la camaronera dejo de 
serlo, se despidieron los pulperos y la casa que siempre conservo su tamaño, y que yo de chiquita siempre vi como gemela de la casa de mis vecinas empezó un cómodo camino a un tranquilo período de paz, del que todos los vecinos disfrutamos mucho, hasta ahora que esa casa es ahora oficina de gobierno y arruina la vida de la gente de por aqui.

Regresando a la 
casita azul de mis vecinas... no se si siempre ha sido una casita azul, pero es muy posible. Desde que recuerdo, es de un azul claro con rosita en los adornos del techo, y barrotes negros en las ventanas, que como la puerta, son de madera y están pintados del mismo color azul. No es bonita, y nunca dije que lo fuera, la combinación se me hace bastante chiclosa, pero el efecto es un realce perfecto de casa vieja peninsular. Entre mi madre, mi abuela y yo, podemos atestiguar muchos años con la casa pintada de azul, y si mi bisabuela no hubiese muerto, ella también se apuntaría.

La casa perteneció a un señor que llegó a ser presidente municipal. Era un hombre acomodado, muy amable, que hizo cosas buenas por la ciudad, y que seguramente gobernó como todo buen 
mexicano antiguo, pero eso no importa, porque en la historia de la casita azul el solo servía de referencia para los papeles. Nunca la vivió, no la usó, así que un buen día, hace casi 60 años decidió rentarla a una familia de apellido Briceño. Todo fue muy formal, en esa época ya habían notarios y formalidades de ese estilo, y firmaron un contrato de renta congelada, muy común en esa época tan ingenua, en el que básicamente expresaban que les cobrarían los mismos pesos por todo el tiempo que quisieran estar en esa casa. Que seguramente no serían mucho más de 20 años.

La familia que la vivió estaba integrada con 3 hombres y 3 mujeres. Los padres, dos hermanas y dos hermanos. El señor 
Briceño era un hombre feliz, platicador, amable, machista, y todas esas buenas cualidades que fomentaban en su época. Era muy trabajador, pero nunca supo hacerse de dinero. La señora en cambio, dicen que era un monstruo. Bueno la verdad no, no lo dicen, pero así sonó para mi. Fue una mujer de mano dura para sus dos hijas, para todos, pero se ensañó más con ellas. De ideas muy anticuadas, severas, duras, apenas dejaba que sus hijas salieran a la calle, que hablaran con gente de su edad, que estudiaran, que respiraran siquiera.

Los varones gozaron de mucha mayor libertad. El mayor de ellos fue piloto de aviones. He visto sus fotos. Es como viajar en el tiempo ha cuando los hermanos 
Wright inventaron la aviación. Fotos en blanco y negro tan viejitas que se van poniendo café, y ese uniforme chistoso tan norteamericano, ya saben, el de la gorra peculiar y los pantalones inflados en la parte de abajo. Debió ser carita, murió joven. El otro hermano, tampoco vivió mucho tiempo, murió de una enfermedad del corazón mal tratada. Sus hermanas lo querían mucho, era joven, se iba a casar, tenía una novia muy atractiva y buena onda. La foto de la novia siguió colgada muchos años después en la sala de la casita azul. Una de esas fotos que a las mujeres les encantaba tomarse en los años 40´s y 50´s con el cabello suelto y grandes ondas, un collar de perlas de imitación, una sonrisa discreta y los ojos mirando al infinito. Siempre me llamó mucho la atención que fuera la única foto que adornaba esa sala.

Las mujeres eran las más chicas. Fueron las únicas que llegaron a vivir muchos, muchos años. La mayor se llamaba Isabel, y la más chica se llamaba María. Les pasó eso que les pasa a todas las personas que viven más de 50 años juntas, no había forma de pensar a una hermana sin la otra. Cuando yo era niña, siempre creí que eran gemelas... creo que estaba 
traumada con los gemelos en mi infancia. Eran unas mujeres muy anticuadas, rectas, formales y sencillas. Su madre, como ya dije, se encargo de darles una vida casi de monasterio, razón por la cual nunca se casaron, y a penas hicieron amigas, y siempre amigas, porque ellas no se juntaban con los hombres, eso sería demasiado atrevido. Fueron señoritas hasta el último día de sus vidas. Vivieron siempre de sus papás, cuando su papá murió, aún vivía su hermano, y cuando el hermano también murió quedaron solo las hijas y la madre. Unas hijas ya entradas en años que todavía vivían bajo el yugo de su madre, y así sería hasta que la madre murió, luego empezaron a padecer la escasez.

No eran personas de dinero, pero vivían holgadamente, hasta que el último hombre de la familia falleció. Fue entonces cuando empezaron los problemas económicos, porque pese a que ellas eran gente sencilla que no necesitaba mucho dinero, el dinero hace falta siempre, pero el problema fue que con más de 40 años las dos, nunca habían trabajado en nada, y a esa edad es terriblemente difícil encontrar trabajo, incluso para esa época.

Por suerte para ellas, no estaban tan desconectadas del mundo. Siempre fueron amigas de la gente de su 
iglesia y cosas asi de viejitas. Eran comadres de todo el mundo, y eran tan buena gente que no podían no apoyarlas. Hablaron con todo el que pudieron hasta que les consiguieron trabajo de intendentes de una escuela primaria. Era un trabajo modesto, honrado y fácil de desempeñar para ellas.

Y no solo eso, ese trabajo les dio un poco de libertad. Les dio algo que hacer, las hizo salir de su casa, ganar su propio dinero, conocer gente… me hubiera gustado mucho que les hubiera llegado el trabajo unos 20 años antes. Su vida habría sido tan distinta. Esa familia no hubiera desaparecido sin descendientes, no hubieran envejecido solas, creo que hubieran sido más felices las dos. Pero por lo menos, les llego. Ojala lo supieran aprovechar.

Trabajaron muchos años, los suficientes para jubilarse, y vivir tranquilamente en su 
casita azul. Yo no me acuerdo de cuando las conocí porque las conozco de toda mi vida. Cenaban con mi familia en Navidad, porque para Navidad siempre venía más familia adoptada que real y siempre fueron todos muy grandes. Ellas eran muy grandes. Desde que las recuerdo ya estaban viejitas. Hablaban bajito, se reían quedito, eran muy delgaditas, una de ellas pesaría menos de 40 kilos, muy canosas, y se peinaban chistoso. Se hacían un chongo trenzado y se ponían unas mariposas de tipo redondo para fijarlo. Como no usaban gel, ni nada y su cabello era rizado, se les esponjaba mucho y les quedaba la cabeza muy grande, como que nacieron para ser viejitas.

La mayor casi nunca salía, en parte porque desde hace 20 años empezó a perder la vista y después de unos 6 la perdió por completo, y en parte, pues porque no tenían mucho a donde ir. Como buenas 
viejitas del barrio que eran, iban los domingos a misa, compraban en el mercadito que hay a dos cuadras, iban a las novenas de las señoras de la calle, supongo que también irían al parque a sentarse un rato y platicar con los viejitos, en este barrio siempre han abundado, debe de haber una maldición de algún tipo, estoy segura.

Llevaron el mismo estilo de vida por muchos años, muchos más de los 20 que cualquiera hubiera pensado el día que firmaron el contrato de renta congelada. Y los tiempos habían cambiado, esos contratos ya no existían. El dueño original había muerto, su hijo había muerto, y ahora la casa le pertenecía a una nada adorable mujer de nombre igual de horrible, Eulalia. Quien tan pronto se enteró de su herencia y de que era una casa venida a menos ocupada desde hacía más de 50 años por un par de señoritas, hizo todo lo posible por sacarlas, algo de lo más inhumano porque, cuántos años más pudieran haber vivido aquellas hermanas ahí?

Yo no sabía que la casa no era de ellas, de hecho, casi nadie lo sabia, ¿Quién viviría en una casa rentada por tantos años? Fue muy triste. Si las sacaban no tendrían a donde ir. Su pensión apenas les alcanzaba, y familiares ya no tenía. Solo quedaba una sobrina muy lejana que vivía en 
Mérida y con la que no contaban. Lograron conseguir ayuda de un abogado, después de todo, el contrato que habían hecho era perfectamente legal, viejo, si, pero legal, y es sabido que la ley puede cambiar, pero no en perjuicio de nadie. Lo cual quiere decir que ellas podían seguir viviendo ahí por el resto de sus vidas. Y que bueno por ellas, y que mala onda de la vieja rubia mal teñida esa que las quería sacar. Esa casa era lo único que ellas tenían.

Yo apenas entraba ahí. Siempre me atendían en la puerta, y en contadas ocasiones me dejaron entrar a su sala, y solo una única vez a su cocina. A mi la casa me fascinaba, me asustaba, me deprimía, me llenaba de curiosidad.

La sala se veía desde fuera, y la recuerdo bastante bien. Era muy grande, amplia, estaba pintada del mismo color azul que la fachada de la casa, tenía un techo de vigas que daba la impresión de que en cualquier momento se venía abajo, las paredes se caían, tenían huecos y pintura levantada. La pared que daba a la calle tenía una ventana grande, la misma por la que se colaban mis ojos curiosos a husmear, pero nunca me acercaba mucho, había exceso de gatos en la casa y siempre había alguno en la ventana jugando con la rama que había crecido de la pared. Ahora que lo pienso, es raro que esa casa no 
oliera ni a viejitos ni a gatos… pero bueno, es algo que me alegra, porque ese olor es pudrición.

La pared de la izquierda tenía una 
mesita, y una única foto, que estuvo colgada por años, la de la cuñada perdida. Una foto sin marco y pequeña que se veía extremadamente rara en medio de esa pared. Las otras dos paredes tenían puertas. La de la derecha daba al cuarto, siempre supe que era el cuarto aunque nunca entre, ni siquiera me dejaron mirar por el huequito que había entre las puertas, porque todas eran puertas dobles de madera café, menos la puerta principal que como ya dije era azul. Las otras dos puertas daban a la cocina, una siempre estaba cerrada, y la otra era la que me dejaba mirar el fondo de la casita.

Era una puerta amplia, por la que casi no se veía cocina, solo 
mesita muy vieja de madera y una estufa que dudablemente funcionara. Pero dejaba mirar al patio. El patio tenía mucho fondo, no extrañaba que hubieran tantos gatos. Había un pozo que a mitad de los noventa todavía funcionaba. Me daba terror el pozo, se veía peligroso , triste y abandonado en semejante patio. También había una construcción afuera que era el baño. Era inconcebible. Tenían que salir de su casa para ir al baño. No fui nunca, pero ruego aunque difícilmente podría creer que fuera un baño moderno.

Se me arrugaba el corazón. Ellas siempre me parecieron muy agradables, eran buenas conmigo, y era tan triste que solamente se tuvieran a si mismas y a una casa prácticamente en ruinas. Sin embargo, creo que eran felices, siempre sonreían a todos.

Por eso lo que les paso después fue terriblemente trágico. De repente un día, la más joven de las dos, la que todavía veía y cuidaba de las dos empezó a sentirse mal, fuertes dolores del estómago, estreñimientos, y después de una semana se hinchó. Y era una señorita antigua que no quería ir al médico, no dejaba que los doctores la vieran, no quería tomar medicinas y tenía fe de los remedios caseros, estaba 
segurísima que podían solucionar cualquier cosa con ellos.

Yo también tengo algo de fe en los remedios caseros, los de las 
abuelitas son muy efectivos para males de estómago, dolores musculares, y cosas sencillas, pero el cáncer se burla de los remedios en sus narices. Y eso fue lo que María tenía, y lo que se la llevo al cielo en una semana.

Ese fue mi primer funeral. Ellas dos habían decidido que una de mis tías se encargara de todo lo que hubiera que hacerse y lo hizo eficientemente, persona más práctica y con el cerebro bien puesto no pudieron haber escogido, además las quería mucho, se consideraban familia. El funeral fue muy sencillo, sillas, flores, rosarios, y un ataúd en el centro de la sala. Así fue como ese casa que ya me inspiraba miedo terminó dándome pánico. Era todo triste, las velas, las flores, todas las 
viejitas que habían ido, y su hermana Isabel lloraba de forma lastimera, daba pena verlo, daba pena estar ahí. Me acuerdo que ese día yo estaba con otra de mis tías, las dos nos sentíamos ligeramente fuera de lugar y nos hacíamos compañía, pareja dispareja, ella estaba sentida por algo, y yo estaba sin saber que pensar, ni que sentir, así que solamente observaba. Ella me decía que debía de ir a ver el cuerpo, yo no quería, y no lo hice. Y hablaba de otras cosas como para sacarme de mi mente perdida.

Ese día conocí la cocina. Era tan grande como la sala, enorme, estaba la mesa
viejita que ya había dicho, y además la única televisión de la casa, que era tan viejita que solo se escuchaba, no se veía nada, trastes sencillos, no recuerdo el refrigerador, techo de tejas muy abandonado, gatos, siempre horribles gatos, y lo más impresionante, lo que de verdad me hizo ver los años que tenía esa casa, al fondo, de lado a lado de la pared, había una estufa antigua, como esas de las que solamente encontramos en los museos, dos hornos de ladrillos, fogones, e incluso habían trastes viejos de barro, porque también servía como de alacena. Dudo que haya más de 6 casas que tengan estufas de ese tipo en toda la ciudad. De hecho, alguna persona que nunca hubiera visto las estufas antiguas no hubiera tenido idea de que era, porque es demasiado increíble que existiera. La verdad solamente había visto de esas antes en las películas de época y en museos, y pude haberme pasado horas contemplándola, pero era el funeral, y regrese a la sala.

La misa fue en la iglesia que quedaba a cuadra y media, la carroza la llevo y casi todos caminamos a la iglesia, la misa fue emotiva, breve y el entierro fue sencillo, era un miércoles y eran como las 5 de la tarde, había mucho calor, hubo que enterrarla pronto.

Luego, su hermana decidió dejar la casa, porque necesitaba alguien que la cuidara y no podía vivir sola allí. Entonces, con todo el dolor del mundo, la llevaron a un hogar de ancianos donde estaría casi un año, para luego ir a vivir al asilo donde vive hasta ahora.

La casa se tuvo que desalojar. La estufa antigua debió de darnos la idea de lo que sería el resto de la casa, pero yo tenía idea de que era una casa pobre y en ruinas, porque así era todo lo que yo podía ver de ella. Solamente muebles
viejitos, televisiones viejas, una foto como único adorno…

Resulto ser una exquisita feria de antigüedades. Era emocional y físicamente un trabajo pesado, algunas de mis tías se juntaron para desalojar. Y yo también fui y todo lo que vi, me dejo profundamente impresionada.

Todo era increíble. Había unos baúles pesados, grandes, viejos, de los que se abrían y estaban forrados por dentro, y estaban llenos de todo tipo de cosas, una de las que más me llamo la atención, era un 
librito de tejidos. Parecía un álbum de fotos, por eso lo abrí, la cubierta era verde y decía Isabel, las hojas, eran de un papel muy fino, casi transparente, y tenía pegados en cada hoja, muestras de lo que yo creo son todos los bordados del mundo.

Tenían roperos de madera altos, con adornos, varios cajones, y espejos de cuerpo completo en las puertas, había mucha ropa de cama, y sus vestidos, y zapatos, ropa interior creo se hacían ellas mismas, pues no creo que ningún lugar aún vendiera ese tipo de ropas.

La cama en la que dormían las dos, era una matrimonial muy alta, con columnas, y una colcha muy bonita. Y todos los muebles que no habían ni en la cocina ni en la sala estaban en los cuartos. Porque resultaron ser dos cuartos, yo siempre pensé que solamente había uno, nunca había visto que la cocina tenía puertas que daban a otro cuarto y que además los dos estaban conectados. Ellas dormían en el primero, el que daba a la calle, pero su ventana debía de estar rota porque jamás la abrían. Y era un cuarto bonito, no era un cuarto caído como yo pensaba. Incluso tenía una magia en él. La cama, el ropero, una mesa y unas sillas muy bonitas, conservamos una de esas sillas en mi casa. Eran unas sillas gemelas, 
pequeñitas, casi de juguete, ni siquiera imagino para que las usaban antes. Lo único que odiaba era que incluso ahí habían gatos, especialmente uno salvaje que me pegó un susto mientras curioseaba y rompía la magia del lugar.

No estoy inventando lo de los gatos solo para darle un aire todavía más marcado de señoritas, no, en verdad tenían cientos de gatos. Gatos, más gatos, todo tocado por gatos, horribles gatos. Creo que hicieron que la hermana mayor perdiera la vista más rápido.

El cuarto que seguía, no se que tipo de cuarto era. Definitivamente había sido una recámara en alguna época, pero ahora, solo era un espacio como para estar lleno de todo tipo de cosas.

Habían libros, muchos libros antiguos, me hubiera encantado revisar algunos, pero no me lo permitieron, los libros estaban muy viejos, apestaban a humedad, tenían algo de moho, se notaba que era una colección que no se tocaba desde hacía más de 25 años. Cualquier historiador moriría de alegría al verlos, pero lamentablemente se tiraron todos.

Tenían un aparato de música que no se como se llama. No era una consola, era más viejo, no era un gramófono, pero casi. No funcionaba, pero aún se podía mover la 
palanquita esa que tenía, y estaba cuidado, todo estaba limpio, no habían dejado nada feo ni sucio, eran cuidadosas de su casa. Había unos discos también. Todo muy curioso. Todo delicado. Una máquina de coser antiquísima también. Varias fotos, algunas sueltas, otras en marcos muy bonitos de madera. Luz amarilla en toda la casa.

Tomo varios días sacar todo de ahí. Rescatar lo rescatable, botar lo inservible. Isabel solo quiso conservar su ropa, y se encontraba cómoda en un hogar de ancianos que dirigía una maestra. Fuimos un par de veces, era una casita acogedora, los cuidaban mucho a todos, les hacían reuniones, y actividades. Había un lorito que hablaba mucho y te decía guapa.

Se tuvo que regalar casi todo. Roperos, muebles, ropa, todo lo que aún servía y lo que se podía componer. Lo más difícil era lidiar con los gatos, que vivían entre los muebles, y por todos lados y que nada más no se iban. Mi tía, agarró una fea infección por culpa de los gatos. Yo tenía ganas de envenenarlos a todos, y lo hubiera hecho si no fuera porque hubiera sido aún más horrible sacar a más de 20 gatos muertos de esa casa.

Al final, después de mucho trabajo, la casa quedó vacía y su horrible dueña doña Eulalia pudo hacer con ella lo que quiso.

Resultó que no quería hacer nada con ella. La casa permaneció cerrada varios años. Sin nadie que la tocara, ni le hiciera nada. Para eso, la casa me daba pavor. Yo no podía estar sola en la calle de madrugada y verla porque había algo que me enfriaba la piel. Creo que lo mejor que podían hacer con ella, era tirarla por dentro y arreglar la fachada. Pero no hicieron nada, y era horrible pensar como se moría por dentro como encerrada dentro de si misma. Debían pintarla, botarla, rentarla, algo. Me daba un poco de trauma.

Al final, llegaron unos arquitectos. Instalaron allí su despacho. Y se tragaron la maravillosa esencia de esa casa. Si la veo de fuera y cerrada, es la misma casita de siempre, pero ahora, esta abierta al público, la iluminaron muy mono. En lugar de la salita, hay un estudio con un librero gigante, mesas de arquitecto. Lo que era el cuarto, ahora parece una pequeña oficina, y es de lo más extraño ver esa segunda ventana abierta, y que en ella se vean computadoras, y muchachos trabajando. Compusieron toda la casa, los techos ya no se caen, y el baño ahora es moderno. En lugar de gatos, metieron como a 5 perros, y como nunca, siempre hay gente entrando y saliendo de ahí.

Ya la casa no parece la misma. Solamente de noche tiene ese espíritu de antigüedad que encantaba. Sigue sin gustarme verla de noche y no tengo intención de volver a entrar a ella hasta que se caiga de vieja otra vez. Y me sigue recordando mucho a las dos señoritas que vivían ahí. Eran historia ambulante

12 Response to Entrada#28: Una historia de verdad

~Px
29 de abril de 2009, 15:27

La magia sigue ahí, oculta pero sigue ahí, y eventualmente con los años despertará de nuevo.

29 de abril de 2009, 15:50

No creo. Eventualmente la tiraran. Y si se vuelve mágica otra vez, me dará miedo.

iveth oliva
29 de abril de 2009, 17:42

dice el arkitecto ke ya lo han asustado en la kasita...tal vez pronto empezara a crecer komo rose red u.u

29 de abril de 2009, 17:52

ok... esto está muy largo... a ver si lo termino hoy te comento algo, sino, para cuando termine.. ¿por qué me haces esto? sabes que no leo libros ni nada que se le parezca... lo leeré poco a poco y te aviso cuando termine ¬¬

~Px
29 de abril de 2009, 19:46

Tampoco soy de leer libros y a pesar de eso lo lei de una vez, vale la pena, creeme.

Ahora haz una segunda parte con historias de fantasmas!

1 de mayo de 2009, 18:37

Maria! lo acabo de leer! jajaja
Me encantó!! muchas felicidades, es la historia más aburrida contada de manera intersante que haya visto en mi vida!
tienes talento mariita, aunque debo decirte que tienes el estilo de Gabo... informal, pero buen descriptor..
I love Mariita escribiendo mini novelas!!
de verdad maria me gustó mucho ehhh!!
Tenia razón px, valió la pena, lo leí de corrido, no pude parar...
Y de hecho, me kedé con ganas de más... deberías escribir un libro, o muchas de estas mini historias.
Por cierto.. que triste historia la de las señoritas, el hecho de que la que permaneció viva sea ciega, le da tanto énfasis al sentimiento... ah... kiero seguir leyendo... =P

6 de mayo de 2009, 11:10

Wow!!!! Hago una reverencia...realmente quede impactado con tremenda historia. Como dijo Daniela tienes talento!!! talento puro y nato. La verdad yo no la lei la leyo Daniela pero lo hizo por cel y tu potencial como escritora y el de ella como lectora me dejaron sin palabras...bueno mas bien con mucho que decir...
Te felicito supiste acomodar cada una de las partes de la historia, no dejaste ni un cabo suelto.

P.D. Me gusto eso de sacar a mas de veinte gatos muertos jajajaja nunca se perdio tu esencia.

Tio
10 de mayo de 2009, 9:23

Muy bien escrito, el interés se mantuvo, una tarea descriptiva muy rica en detalles y cargados de emociones. Te felicito.

Lo que te conté de las dos viejitas es cierto, ambas murieron en marzo de 1978, fueron asesinadas para robarles un arcón de monedas de oro. El hecho causó mucho revuelo pero después fue silenciado por orden del obispo. las razones por las cuales tomó esa decisión nunca se supieron.

Tio
10 de mayo de 2009, 9:25

Olvidé decirlo, las viejitas que siempre viste, eran sus espectros. En término actuales, como un holograma fantasmal con apariencia real.

Anónimo
10 de mayo de 2009, 16:19

muy interesante, te atrapa la historia. eres buena.
pero no me gusto en nada eso de asesinar a las pobres e indefensas criaturitas encantadoras y felinas ke vivian ahí. apuesto a que esos mininos tenian una historia tan antigua y fasinante como las viejitas. jajaja

luis
21 de julio de 2009, 12:03

excelente me fascino tu historia, enseguida me engancho. Estoy de acuerdo contigo respecto a los gatos y creo que muchos tenemos esos traumas con casas antiguas.
Me despido, estare al pendiente de lo que escribes, sigue haciendolo.. lo haces bien.

Anónimo
23 de febrero de 2010, 22:23

Moncho: Pobres viejitas nunca conocieron lo bueno de la vida jeje, yo digo que simplemente vivieron pk si, aunque como dijiste tal vez si eran felices, bueno eso solo ellas lo saben. Super mega largoooooooooo casi casi describes cuantos pasos dabas al caminar jajaja pero una interesante aburrida historia. Saludos maria, por cierto dedicales una parte de tu blog a los carnales, es un equipo con historia desde el 2 de octubre de 1976 existe jejeje bueno me despido. Ta cute tu blog jejeje

 

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