Entrada #121.- De buenas :)



Mariíta anda de buen humor, lleva algún tiempo contenta. Primero, tuve vacaciones de la escuela, algo cortas pero muy merecidas y muy disfrutadas, tuve tiempo de estar un rato con todo el mundo, vi a todas mis amigas, no me falto ninguna, desde la que vive en Mérida y se paso aquí varios días, hasta la que no se deja ver porque solo vive para el novio. 

No salí de vacaciones formales pero a cambio hubo un día familiar con aventura en unos cenotes. Fue una experiencia verde y exótica, porque no son cenotes de fácil acceso ni han sido explotados en su parte turística. Son cenotes que están casi casi como han estado desde hace mil años, solo le pusieron algunos troncos a manera de rústicos escalones y otros que hacían de barandal. Están en Escárcega o por esos rumbos y valió la pena. Nos divertimos mucho. 

Foto de uno de los cenotes :)

También ayuda al buen estado de ánimo llevar algunos meses en buen estado sentimental, pero de esto no hablo porque me sale mi lado cursi del fondo de mi ser, y eso no va. Me limito a decir que me ha ido bien y que estoy así o más contenta porque digamos que tenía problemas sentimentales viciados y mal mal mal. De verdad ando contenta en ese lado de mi vida :).

Cuando se acabaron las vacaciones, justo el último fin, todavía moría de antojo de ir a la playa, y aunque estaba feísimo el clima, hasta en eso me fue bien y me remojé y viví feliz mi último día libre. Y de regreso a la escuela pero ya, la última y nos vamos. Es el último semestre, eso me pone más nerviosa que otra cosa, pero eso lo pensaré en enero. En febrero tendré que haber bajado algo de peso, o por lo menos no haber subido nada porque necesitaré un vestido para que me tomen una foto de recuerdo presumible de aquí al resto de mi vida. 

De mientras, hoy termine mi servicio social. Y eso me pone de muy buen humor porque, aparte de que mínimo me tomare una semana libre en lo que busco a donde voy a ir a trabajar,  fue una muy buena experiencia. No fue un servicio social de fotocopiadora, ni servir cafés. Fue una buena experiencia en el SAT, aprendí muchas cosas, lo viví como si fuera un trabajo en serio, puse lo mejor de mi, el equipo de trabajo era eficiente, amable y muy buena gente. Me gustó, hasta me da pena dejarlo.  

Mi despedida fue muy linda. Lleve desayuno y ellos me llevaron un pastel y me regalaron unos zapatos que quería comprar. Y ya saben, todas las palabras de rollo de los  jefes y la gente, pero me emocioné. Me gustó el SAT. Intentaré regresar más adelante. 

Y ... había algo más que me tenía de buen humor. No lo sé, quizás sea una de esas ocasiones hormonales extrañas en las que la Luna en lugar de ponerte de malas, te pone de buenas. 

Entrada # 120.- Seis de la mañana


Es un crimen tener que acostumbrarse de nuevo a las seis de la mañana. No lo hago desde hace más de un mes, y el semestre pasado solo lo hacía los lunes. Así que llevo una buena temporada de despertares con sol. A partir de mañana ese será mi nuevo horario. Horror de horrores, seguro estaré de malas en las mañanas. Lo único que reconforta es que después de este semestre no me tendré que volver a levantar a esa hora nunca. Digo, a menos que me hagan un análisis, o salga de viaje muy temprano, o alguna circunstancia eventual. Con lo bonito que es dormir las horas recomendables y levantarse porque el sol moleste tantito.  Pero bueno, seis meses más de mi vida y ya.  Hasta que tenga un hijo de primaria y me arruine mi sueño, hasta entonces zzzzz 

Entrada #119.- Dentistas

Les cuento, estoy en el consultorio de mi papá, vine porque mi a mi abuelita le duele mucho su muela y ya no le sirve y entonces se la tienen que sacar. Mi mamá no pudo venir, y como sería mala onda mandar a mi abuelita sola, pues vine yo. Pero a mi esto no me gusta. Juro que estoy sufriendo más que mi abuela.

Estamos en la larga espera de que la anestesia haga efecto.  Es un tormento lento, porque todos sabemos lo que sigue, solo es cosa de esperar a que duela menos.

A mí nunca me han sacado una muela. Mis experiencias dentales, son diversas, pero aún no he llegado a que me saquen una muela. Cuando tenía como catorce años me sometieron a ortodoncia (Brackets) porque tenía dos dientes chuequitos y mi mordida no era adecuada, se supone que cuando uno muerde los dientes de arriba deben de quedar adelante, pero cuando yo mordía mis dientes chocaban y … no se, yo podía vivir así pero ni modos. Un año con brackets en los dientes de arriba. Mala onda, pudiendo escoger mis doce, trece, veinte años, los catorce, de los más difíciles de lidiar con la autoestima, pero ni modos. No lo pase tan mal, mi sonrisa no es perfecta, pero  no se ve mal.

Muero, otra inyección de anestesia a la abuelita. No quiero mirar, pero me queda enfrente. 

Cuando yo era chiquita, me sacaron un diente porque ya venían los otros y no se me habían caído los de leche. Me pusieron anestesia, pero mi papá tenía una técnica para la anestesia con los niños.  Yo, a mis escasos 5 o 6 años, pues ya sabía que la anestesia tenía que ver con inyecciones, pero mi papá me dijo que el tenía una anestesia mágica para niños. A los niños los anestesiaban con spray. Entonces, todo lo que uno tenía que hacer era cerrar los ojos para que el spray no fuera a dañarlos, cerrarlos mucho, concentrarse en la plática tan amena que te daban, y al final, cuando algo te molestaba, porque ni siquiera dolía, abría uno los ojos y él tenía una botellita con un líquido como agua que hacía el papel de la anestesia mágica en spray y listo, el niño contento que se dejaba quitar su diente de leche, que el doctor tendría que devolverle limpiecito para que el ratón fuera por ellos y te dejaran tu dinero. A los adultos ya no les dejan porque los ratones son pesados y solo quieren dientes de lechita nuevos, cada quien.  Mi prima Rocío conservo una muela de leche hasta después de que a su hija se le terminaron de caer los suyos y mi papá se la saco en una ocasión que algo le pasó  a una de sus otras muelas. Tal vez a ella le hayan dejado algo, no se.

Lo más horroroso que me han hecho en la boca, que es lo más horrible y doloroso que me ha pasado en toda mi vida fue una endodoncia. Una endodoncia es que te saquen un nervio que por alguna razón (que Wikipedia les podrá contar mejor que yo) se muere. Probablemente la causa es una infección, pero el asunto es que es muy doloroso. Se te hincha todo, sale pus, una serie de circunstancias penosas de contar y al final terminas en un consultorio de un doctor que no conoces, muerta de terror, y llena de preguntas porque yo a todos mis doctores llego con una cantidad descomunal de preguntas  de las sencillas hasta “¿Puedo morirme de esto?”, siempre es importante saber.

La endodoncia, según mis recuerdos es que un mal hombre te meta unos palillos de madera ultra finos y te los clave lenta y repetitivamente en tu encía que pese a toda la anestesia del mundo (que no fue de las mágicas sino de las de aguja gigante y directo al rincón donde se unen las mandíbulas) duele un montón. Creo que hubiera sido mejor que me sacaran la muela. De hecho, perdí un pedacito de muela, tengo una incrustación. No se lo quiero decir a mi abuela, pero mi papá cree que eso le espera a ella. Lo bueno del caso, es que ella no lee mi blog, así no sufrirá.  Los dentistas no son malos, pero la verdad, si uno se espera que el dolor llegué a ser tan intenso que estén al borde del desmayo… bueno, uno tiene culpa. No dolería tanto si fueran antes.
Bien, pobre abuela, creo que ya nos vamos. Hace poco confesó que tiene como dos meses que empezó a sentir las molestias, pero claro, aguanto hasta el límite de sus fuerzas.

Creo que mi siguiente procedimiento será blanquearme los dientes porque están amarillosos y no me gustan.  Espero que todos ustedes no tengan problemas con sus dientes y les deseo desde lo más profundo de mi alma, que nunca en su vida tengan que ir por una endodoncia.  

 

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